El sistema de bicicletas públicas BiciTran se consolidó como una alternativa de movilidad sustentable en el Gran Mendoza, pero detrás de cada viaje hay un dato clave que reabre el debate sobre subsidios, transporte público y financiamiento estatal.

Según un informe oficial del Ente de la Movilidad Provincial (EMOP), cada viaje en bicicleta cuesta $5.284,39, mientras que el usuario paga solo $1.400, el mismo valor que un boleto de transporte público urbano desde el 1 de enero de 2026. La diferencia es cubierta casi en su totalidad por el Estado.

¿Cuál es el costo real de un viaje en BiciTran?

El estudio de costos presentado a fines de 2025 detalla que la llamada “tarifa técnica” del sistema —es decir, lo que realmente cuesta que una bicicleta esté disponible, operativa y mantenida— supera ampliamente el valor abonado por el usuario.

Costo real por viaje: $5.284,39

Tarifa pagada por el usuario: $1.400

Subsidio estatal aproximado: casi $4.000 por viaje.

Este esquema es similar al del transporte público tradicional, donde el boleto no refleja el costo total del servicio.

¿Por qué el Estado subsidia el sistema de bicicletas públicas?

Desde su puesta en marcha en 2023, BiciTran no fue concebido como un sistema autosustentable, sino como una política pública de movilidad.


El objetivo principal no es la rentabilidad, sino:

Reducir el uso del automóvil particular.

Descomprimir el tránsito en zonas metropolitanas.

Disminuir emisiones contaminantes.

Fomentar hábitos de movilidad activa y saludable.

La inversión estatal también se explica por la expansión del sistema, con más bicicletas y estaciones, especialmente en áreas de alta demanda, lo que eleva los costos operativos.

Movilidad sustentable: ¿gasto o inversión?

El caso de BiciTran vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave:

¿La movilidad sustentable debe medirse solo en términos económicos?

Diversos estudios internacionales muestran que los sistemas de bicicletas públicas generan beneficios indirectos difíciles de cuantificar en el corto plazo, como:

Menores costos en salud pública.

Menos congestión y accidentes.

Mejor calidad del aire.

Ciudades más habitables.

En ese sentido, el subsidio puede leerse como una inversión social y ambiental, más que como un déficit.

Cada viaje en BiciTran cuesta más de lo que paga el usuario, y esa diferencia hoy la asume el Estado.

El dato es contundente, pero también abre un debate más profundo sobre cómo se financia la movilidad del futuro y qué lugar ocupan la bicicleta y los sistemas públicos dentro de ese modelo.

Mientras tanto, BiciTran sigue rodando, con números que muestran que moverse en bici también es una decisión política.